25/3/13

Grecia y el nacimiento de una nueva época

Representación de Hesiodo.
"Jueces, vosotros pensad también en esta justicia; pues cerca, entre los hombres, mezclándose, los inmortales están dándose cuenta de cuantos con torcidas sentencias se rozan unos a otros, sin cuidarse de la mirada divina. Treinta veces mil inmortales, guardianes de los mortales, de parte de Zeus están sobre la fértil tierra; ellos vigilan las sentencias y crueles acciones disfrazadas de bruma, inspeccionándolo todo sobre la tierra. La Justicia, es doncella de la estirpe de Zeus y de gran veneración para los dioses que tienen el Olimpo, y cuando alguien la daría con torcidas injurias al punto sentándose al lado de su padre Zeus, el hijo de Cronos, le pone al corriente de las intenciones de los hombres injustos, a fin de que el pueblo pague las estupideces de sus jueces, que en funestos pensamientos falsean la justicia siguiendo por tortuoso camino. Cuidándoos de esto, jueces, devoradores de regalos, enderezad vuestras opiniones; olvidaos de una vez de sentencias torcidas. Teje males contra sí mismo el hombre que los teje contra otro, y la mala idea es más funesta para el que la piensa; el ojo de Zeus todo lo ve y de todo se da cuenta, y ahora de esto si quisiera se apercibiría; y no se le escapa lo que de justicia encierra una ciudad. Ahora bien, ni yo ni mi hijo sea justo entre los hombres, porque no está bien que un hombre sea justo, si es que el injusto va a obtener mayor justicia. Pero no tengo esperanzas de que el prudente Zeus ratifique este tipo de justicia". (HESIODO, Los trabajos y los días).



Este texto es de Hesiodo y forma parte de su obra “Los trabajos y los días” que fue escrita hacia el S. VIII a.C. o principios del S.VII (según se sitúe a Hesiodo en la cronología), por lo que este texto podría haber sido escrito a finales del Arcaísmo Medio (aproximadamente entre los años 950 y 750 a.C.) o a principios del Arcaísmo Pleno (750 a 550 a.C.).



El concepto clave del texto es el de la Justicia (diké), que para Hesiodo es un bien fundamental para la sociedad pero que se está impartiendo mal por un reducido número de privilegiados. En esa época regía todavía la antigua estructura social heredada de época micénica con una clase guerrera superior llamada aristoi, cuyos jefes, los bailei, impartían justicia en la sociedad. No estaban sometidos a ningún control, ya que eran ellos los que interpretaban las costumbres (Themistes) según su arbitrio a la hora de dictar sentencias, lo que les daba poder absoluto sobre otras clases como los campesinos libres o los jornaleros, los thetes y, por supuesto, los esclavos.



Estatua de Zeus.
Según Hesiodo, sí debían existir controles para los jueces, ya que los basilei debían aplicar justicia siguiendo las reglas que dictan las costumbres de la comunidad (nomoi), -es decir, no podían interpretarlas libremente-, y siguiendo el concepto de lo que es justo (dikai). Sin embargo, en su texto Hesiodo pone en duda la capacidad de los aristoi para impartir justicia de manera justa (“torcidas sentencias”), ya que siguen sólo su arbitrio personal sin tener en cuenta valores más elevados.



Ante la inexistencia real de un poder superior a los aristoi, Hesiodo sitúa la defensa de estos valores más elevados de la justicia en manos de los dioses. Califica a los dioses como seres “inmortales” que bajan al mundo a observar a los jueces (“el ojo de Zeus todo lo ve y de todo se da cuenta”)  y su manera de impartir la (in) justicia mediante “sentencias y crueles acciones disfrazadas de bruma”. Por tanto, califica a los dioses como seres superiores a los aristoi –y a todos los humanos- y creadores y por tanto dueños del concepto de Justicia: “La Justicia, es doncella de la estirpe de Zeus” que los aristoi están aplicando mal.


Por lo tanto, según Hesiodo, la Justicia como concepto  es un patrimonio divino que está siendo desvirtuado por los basilei y no se está aplicando como se debería. La suprema potestad de impartir justicia pertenece a los dioses que la han cedido para su buen uso solamente. De hecho, Hesiodo reclama al final del texto que prefiere que la potestad para impartir justicia no recaiga en los hombres si eso significa otorgársela a una élite que se aprovecha de ella: “No está bien que un hombre sea justo, si es que el injusto va a obtener mayor justicia”.   

El principio del fin del poder de los aristoi

A finales del S.VIII y principios del VII, es decir, a caballo entre el Arcaísmo Medio y el Pleno, comenzó a resquebrajarse la hegemonía de los aristoi (la clase aristocrática dirigente) al frente de la sociedad. Esta hegemonía era heredera de la estructura social micénica y se legitimaba en la ética del guerrero de época homérica: el valor de la areté demostrada en combate y que le eximía de los trabajos mientras le confería el poder político absoluto. En sus obras Hesiodo ponía en duda esta legitimidad y la enfrentaba a una ética del trabajo duro propia de los campesinos. Era toda una revolución en la mentalidad que ponía en duda la estructura social del momento y que colocaba al trabajo como elemento legitimador frente al ‘heroísmo’ guerrero.
 

Hesiodo mencionaba en el texto analizado al “pueblo” que “paga” las “estupideces” de estos aristoi, a los que criticaba como elementos ‘improductivos’ “devoradores de regalos”. Hesiodo hacía referencia así a la llamada ‘economía del regalo’ entre los diferentes basilei, señores de los oikos (la suma de los bienes y personas que forman una unidad de explotación). Según la ética del areté, los aristoi no podían trabajar ni comerciar, una actividad denostada por esta élite. Por lo tanto, sus explotaciones en teoría no podían producir de más para crear excedentes para vender, ni de menos para tener que comprar. El ideal que debía regir es el de la autosuficiencia (autarquía) de sus oikos. Pero como eso era imposible de cumplir, los basilei se intercambiaban bienes (regalos, siguiendo el principio de la hospitalidad, xenia) y rompían así de manera indirecta la autarquía de sus oikos.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de autarquía y de la economía del regalo, la demanda y oferta de bienes manufacturados en Grecia fue creciendo. Se produjo así una creciente importancia del comercio y de las personas vinculadas a él en la sociedad. Estas personas no estaban vinculadas al estrecho control y a la dependencia del oikos controlado por los aristoi, por lo que comenzaron a exigir mayor participación política y mayor previsibilidad en la administración de la justica para sus negocios, incompatible con la libre voluntad de los aristoi.

Así pues, a principios del Pleno Arcaísmo y gracias a la adopción de la escritura en Grecia debido a la influencia fenicia, se comenzó a exigir un mayor control de la justicia a través de la ley escrita. Los aristoi fueron perdiendo así poco a poco su monopolio para administrar justicia, lo que tuvo como consecuencia la paulatina pérdida de poder político de este estamento.

Debido a este auge de las actividades no vinculadas con la tierra, otros actores políticos hicieron su aparición, en concreto el demos (pueblo). Éste lo hizo en un marco muy específico: la polis, la ciudad estado. Surgió así una tensión entre el antiguo orden de los aristoi y el nuevo de las polis como consecuencia directa del cambio en la estructura social y económica debido al auge del comercio (según la Escuela alemana). Al final, el marco urbano fue sustituyendo a los oikos rurales como elemento básico de comunidad social en Grecia y se puso fin definitivamente al antiguo orden social de origen micénico.


Si quieres más información sobre la época arcaica de Grecia te recomiendo el blog de la profesora Ana Vázquez Hoys, catedrática de la UNED de Historia Antigua. Pincha aquí.

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