6/1/13

El poder del carbón


Hoy a muchos los Reyes Magos les habrán regalado carbón. Es el símbolo de una mala conducta porque es tosco, sucio y contaminante. Tiene un significado peyorativo muy marcado en nuestra sociedad. También se asocia a épocas pasadas, a las minas, a un mundo que se acaba. Sin embargo, el carbón ha sido fundamental para la expansión de Europa por el mundo y, en definitiva, para imponer el estilo de vida y la cultura ‘occidental’ a las demás civilizaciones. 


El ingeniero británico James Watt cambió la historia del mundo. Cuando murió en 1819 la industria de Inglaterra ya no era la misma. El duro y lento trabajo manual y artesanal estaba siendo sustituido por la producción con máquinas gracias a su genial invento: la máquina de vapor. Fue Watt quien hizo posible que este artilugio pudiera ser utilizado para la fabricación masiva de objetos y para el transporte.


Gracias a su invento ya no se dependía de los vientos y de las corrientes en la navegación marina gracias a los barcos que funcionaban con vapor, ni de la tracción animal una vez que hizo aparición el ferrocarril. Fue toda una revolución que rompió barreras y destrozó fronteras naturales. Los océanos de pronto eran más fáciles de surcar y las distancias en tierra más seguras y cortas.


La consecuencia fue la explosión del comercio mundial. El mercado se inundó de material producido en las nuevas fábricas de Inglaterra primero y del resto de Europa occidental y de los EEUU después. Aunque de peor calidad que los productos artesanales, eran mucho más baratos. Sobre todo los textiles, que de pronto podían comprarse en el mundo entero gracias a la facilidad de la producción en masa y de los nuevos medios de transporte.


Sin embargo, las nuevas máquinas de vapor necesitaban un combustible para hacerlas funcionar. Un combustible para avivar el fuego que mantenía viva la máquina. Ese combustible se extraía de las entrañas de la tierra: el carbón.


La revolución del carbón

La revolución industrial en Europa y su expansión por el mundo se hizo posible gracias a que este material era y es muy abundante en el Viejo Continente. A diferencia de otros lugares del mundo, los yacimientos de carbón europeos son de los más importantes y grandes. Así pues, no es casualidad que las regiones con más minas y mayor explotación de carbón fueran también las más industrializadas.

Zonas industriales de Europa a principios del S.XX.

El mapa del carbón europeo coincide con su riqueza económica. La cuenca del Ruhr en Alemania, el norte de Francia y Bélgica, los Midlands ingleses, etc., siguen siendo zonas industriales que tienen su origen en el carbón. Para reducir costes se construían las fábricas cerca de las minas y así surgieron estas zonas industriales que, todavía hoy, siguen siendo los núcleos económicos de sus respectivos países.


También España tiene muchos yacimientos de carbón, sobre todo en el norte de la Península Ibérica, en el Bierzo y en Asturias. Sin embargo, a diferencia de otros países de Europa occidental, el carbón español no sirvió para industrializar el conjunto del país. Sí sirvió para nutrir los altos hornos de Bilbao. Para ello se construyó la línea de ferrocarril de vía estrecha (hoy FEVE) a lo largo del litoral cantábrico, pero no penetró hacia el interior que ha quedado mayoritariamente sin industrializar.


En resumen, la revolución industrial fue posible gracias a la máquina de vapor y esta funcionaba gracias al carbón. En Europa occidental hay una gran cantidad de yacimientos que fueron explotados y, gracias a ellos, creció la industria y con ello la expansión comercial y política de Europa en el mundo.


Hoy existen otras energías más limpias y eficientes, pero el carbón sigue estando muy presente en nuestra sociedad. Pero poco a poco está desapareciendo. Ya no es rentable. Las subvenciones públicas a las minas se están cortando y sólo será cuestión de tiempo que su uso desaparezca. Solamente quedará su recuerdo… y como regalo de los Reyes Magos.       

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