16/12/12

Cuando el Imperio Británico traficaba con drogas


Adictos al opio.
El narcotráfico es una actividad generalmente ilegal y socialmente rechazada y rechazable, pero muy rentable. Lo segundo siempre fue así, pero no pasa lo mismo con la condena social y legal. Si hoy los gobiernos invierten miles de millones en la lucha (ineficaz) contra las drogas, hace 170 años eran los estados los que traficaban –o lo protegían- y se beneficiaban con la venta de estupefacientes, aún a sabiendas de los perjuicios que provocaba en los consumidores. Este fue el caso del Imperio Británico, que incluso no dudó en recurrir a la guerra contra China hasta en dos ocasiones para defender los beneficios de sus comerciantes-traficantes: las Guerras del Opio.

Cuando los europeos comenzaron a comerciar con China hacia los siglos XVII y XVIII no tenían nada interesante que ofrecer excepto plata. Los chinos, bien conscientes de su supremacía en muchos aspectos tecnológicos y científicos, no anhelaban nada de lo que se producía en Europa. Ni los tejidos, ni las máquinas, incluso el armamento europeo les parecía basto e inútil. Este desprecio era fruto de una mezcla de verdadero adelanto tecnológico y de chovinismo. El Imperio Chino se consideraba a sí mismo el centro del mundo y se encerró en su propio entorno, evitando toda expansión comercial y militar a pesar de contar con las capacidades para ello.


Los europeos, en cambio, sí querían productos chinos. Si hoy en día China es sinónimo de productos baratos y de baja calidad, hace 400 años era todo lo contrario. Sus sedas, porcelanas, especies, etc., eran muy codiciados y se vendían a precio de oro en los mercados europeos. Sin embargo, los comerciantes –en ese momento sobre todo españoles que operaban desde la colonia de Filipinas- tenían que invertir enormes sumas de plata y oro de las minas americanas en comprarlos, ya que el trueque de productos era imposible debido a la falta de interés chino por el ‘Made in Europe’.

Así pues, sobre todo a partir de mediados del S.XVIII, el flujo de plata con dirección a China fue creciendo hasta provocar que en Pekín se amasaran enormes reservas en detrimento de las europeas.


El opio de los ingleses

Combate naval entre chinos e ingleses.
A partir del S. XVII los ingleses comenzaron a asentarse en la cercana India y entraron en el mercado asiático. Poco a poco se fueron haciendo con el control político de la zona. En 1757 un ejército de la Compañía de las Indias Orientales –soldados a las órdenes de una empresa- derrotó a los indios en la batalla de Plassey y se instaló definitivamente en Bengala. Sería el inicio del imperio británico en la India y el fin de las relaciones comerciales tradicionales con China.


Ahora los ingleses contaban con un producto que no era plata pero que sí interesaba en China y mucho: el opio. Esta droga se producía en India y era muy popular –porque es muy adictiva- y los ingleses no dudaron en inundar el mercado chino. El plan era sencillo y cruel: creaban centenares de miles de drogadictos, clientes cautivos de su producto, que a cambio del opio pagaban con las sedas y los caros productos chinos. Incluso se invirtió la tendencia del flujo de la plata. La venta se hacía por contrabando y de manera ilegal, igual que los carteles de la droga de hoy, y el consumo masivo de opio se comenzó a pagar en metálico, de tal manera que las reservas de plata acumuladas durante más de un siglo comenzaron a agotarse rápidamente.     

Las guerras del opio.
Esto sucedió a principios del S.XIX, una época en la que en Europa las guerras napoleónicas suponían un gasto increíblemente alto para las potencias. Solamente los ingleses, que contaban con la única gran flota del mundo en ese momento, tenían acceso ilimitado a China, pero sólo a sus puertos. Querían que ese acceso por mar se viera acompañado por el derecho a comerciar tierra adentro, en los inmensos dominios imperiales que abarcaban millones de kilómetros cuadrados y millones de habitantes que podían convertirse en clientes.


Pero el gobierno chino se negaba a abrir sus puertas a los comerciantes extranjeros más allá de los puertos, y mucho menos estaba dispuesto a legalizar el comercio del opio. La tensión crecía y sólo hacía falta una excusa para forzar la entrada.


Guerra para forzar el narcotráfico

Esta llegó en 1839 cuando el gobierno chino, alarmado por la enorme cantidad de súbditos ‘enganchados’ al opio y por la gran cantidad de plata y riqueza que se perdía cada año para pagar la droga, decidió poner un fin a este negocio ilegal del narcotráfico de la misma manera que los gobiernos actuales prohíben la venta de estupefacientes. Pero el gobierno británico no lo aceptó y atacó a los chinos. Fue la primera Guerra del Opio. Terminó en 1842 con la derrota china y la cesión del puerto de Hong Kong a los ingleses que solamente lo abandonarían en 1997.


Ya tenían la base comercial que querían en China, y solamente necesitaban forzar un poco más para obligar al imperio a permitirles el ‘libre comercio’ en el interior. Ese momento llegó en 1856 con el estallido de la Segunda Guerra del Opio, en la que también participó Francia del lado inglés. Duró hasta 1860 y terminó otra vez con la derrota china, cuyo ejército estaba obsoleto frente al moderno cuerpo expedicionario europeo. Ya no eran las condiciones del S.XVI y los anglofranceses llegaron hasta Pekín, la capital, que fue conquistada.

Propaganda antichina.
La derrota del imperio chino fue total. Tuvo que hacer más concesiones, entre ellas permitir la presencia de comerciantes europeos en más ciudades y legalizar el negocio del narcotráfico. Esta manera de imponer su voluntad por parte de los imperios europeos se llamó ‘diplomacia de  cañonero’ e inauguró la era del imperialismo que acabó repartiendo el mundo entre las potencias del Viejo Continente, a las que se unirían más tarde los EEUU y Japón.


China, por su parte, acabó humillada y forzada. Había tratado de proteger su soberanía y la salud de sus súbditos y terminó vencida. La consecuencia fue la decadencia del imperio, rebeliones, inestabilidad y guerras civiles. En 1911 cayó el último emperador y se proclamó la república. Pero no sería hasta 1949 con la victoria del Partido Comunista de Mao -en otra guerra civil- que China volvería a estar unificada bajo un poder fuerte.


Hoy, 170 años después de la Primera Guerra del Opio, el antiguo Reino del Centro vuelve a disputarse un lugar entre las grandes potencias del mundo. Pero ahora son los comerciantes chinos y sus productos los que inundan Europa. Y no ha hecho falta una guerra ni vender drogas para conseguirlo.    


Escena de la película "La Guerra del Opio" (Xie Jin, 1998)


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