27/11/12

Akbar, el señor de la India

Akbar el Grande
Los emperadores mogoles son unos grandes desconocidos para los amantes de la historia en Occidente a pesar de que fueron monarcas de uno de los últimos grandes imperios del mundo. Esta dinastía dominó y gobernó el subcontinenteindio durante más de tres siglos y su legado es de los más ricos de la Humanidad: infinidad de palacios, jardines y fortalezas, además del Taj Mahal, todo un ejemplo de proyección de poder y riqueza. Los mogoles eran musulmanes en un país de mayoría hinduísta, pero ante todo fueron unos soberanos férreos e implacables, como Akbar el Grande, que supo dominar uno de los lugares más complejos de la Tierra con la misma firmeza con la que su antecesor Tamerlán conquistó Asia.    

Cuenta la historia que el emperador Akbar el Grande retó a su primer ministro Birbal a una investigación muy peculiar: conocer la naturaleza humana. El monarca sostenía que las personas son buenas, que no se dejaban guiar por la desconfianza ni el oportunismo, y sobre todo, le eran fieles. Birbal, en cambio, no compartía esta confianza y propuso ponerla a prueba. Se ordenó a los campesinos de los alrededores de palacio a entregar un cubo de leche, todo un tesoro para los más humildes, que debían verter en un enorme recipiente instalado en medio del patio.
Birbal.
Este recipiente estaría cubierto por un telón que impediría ver lo que ocurría detrás y cada campesino haría su entrega de uno en uno, es decir, fuera de la vista de los demás y protegidos por el telón. Al verter el último campesino el último cubo, el emperador y su ministro vieron el resultado: en vez de leche, el enorme recipiente estaba lleno de agua. Birbal había tenido razón y los campesinos habían engañado a su emperador.


Seguramente esta anécdota no sea más que una leyenda, pero refleja perfectamente la idea que ha trascendido durante siglos del reinado de Akbar el Grande, el tercer emperador mogol. Fue una época de esplendor tanto en lo político como en lo cultural. Este monarca reinó durante casi 50 años, entre 1556 y 1605, sobre uno de los imperios más grandes y para nosotros desconocidos de Asia. Entre sus dominios se encuentra el territorio que hoy componen países como India, Pakistán, Bangladeh, Nepal y parte de Afganistán.


Estirpe de conquistadores

Akbar era el descendiente de Tamerlán, el último gran conquistador de la estirpe de Gengis Khan. Su abuelo, Babur, provenía del centro de Asia y Afganistán y durante bastantes años estuvo a punto de perder su reino, e incluso durante un tiempo estuvo vagando con sus soldados en busca de un trono de la misma manera que sus antecesores los mongoles buscaban un reino que saquear y conquistar. En 1526 invadió la India –o Hindustán como se conocía entonces- y venció en la batalla de Panipat al sultán musulmán de Delhi.

El imperio mogol a la muerte de Akbar
Los mogoles se instalaron, pero su presencia en India estaba lejos aún de ser sólida. El hijo de Babur, Humayun, el padre de Akbar, incluso llegó a perder su imperio y, como su padre, estuvo vagando con un grupo de fieles en busca de un territorio donde reinar. Finalmente recuperó su imperio, pero murió de forma trágica al caerse de una torre cuando iba a rezar. Fue Akbar quien consolidó definitivamente a los mogoles en India hasta que llegaron los británicos y les expulsaron definitivamente del poder en 1857, tres siglos después.


Akbar fue un gran guerrero. Prácticamente no perdió ni una sola batalla. También fue un rey con una gran curiosidad hacia el arte y la ciencia. Dicen que esto lo convirtió en una persona con una mentalidad racional, alejada de los dogmas y las supersticiones. Por ello era muy tolerante con otras creencias y culturas.


Una religión propia

Aunque su dinastía y él mismo eran musulmanes, supo en todo momento que no eran más que una minoría en un inmenso país en el que el hinduismo era la religión de la mayoría. Ya fuera para tratar de integrarse con sus súbditos o por una sincera curiosidad, Akbar se fue alejando del dogmatismo islámico de su entorno y se abrió a la influencia hindú, así como de otras religiones.


De hecho, llegó a crear una religión nueva, mezcla de todas las creencias más importantes del mundo. La llamó Din-i-Ilahi, pero el experimento duró sólo un día: la amenaza de los clérigos musulmanes ortodoxos era demasiado fuerte, o el propio Akbar se arrepintió de tocar una tecla que incluso para él era demasiado arriesgada. Esta religión sólo tuvo 19 fieles, los más íntimos seguidores de la corte.


Al margen de ser una anécdota, este experimento reflejaba la sincera preocupación del emperador por la religión y la filosofía. Akbar solía reunirse con representantes de otras creencias para debatir e intercambiar ideas, incluso después de retirar su nueva y muy efímera fe. Pero nunca llegaron a ningún acuerdo.


Palacio de Fatehpur Sikri
El lugar donde se realizaban estos encuentros era el palacio de Fatehpur Sikri, cerca de Agra. Era una ciudad-palacio con una enorme mezquita y grandes patios donde Akbar y su séquito pasaban el tiempo debatiendo, celebrando fiestas o entreteniéndose jugando a juegos como el ajedrez o compitiendo en partidos de polo, un deporte que siglos más tarde se apropiarían los colonizadores británicos. Todo un entorno de capricho para el emperador.


Sin embargo, Fatehpur Sikri sufría un fallo importante: carecía de fuentes de agua cercana. Construida en un entorno árido y sin un río o lago que les surtiera de agua, 14 años después de inaugurarse en 1571 fue abandonada para siempre.


La vida de Akbar siempre estuvo rodeada de lujos y poder, pero también de peligros. El mayor de ellos era el de mantener el trono y que su dinastía continuara al mando del imperio tras su muerte. Conocía muy bien los peligros asociados a la sucesión, un momento de suma debilidad del nuevo monarca que solía ser aprovechado por nobles, gobernadores y reyes sometidos para rebelarse y recuperar la independencia.


Akbar lo sabía, pero lo que no podía imaginar era que su propio hijo Salim se rebelaría contra él. Al príncipe le pudo la impaciencia ya que Akbar llevaba reinando casi medio siglo, algo muy poco habitual en aquella época. Sin embargo el viejo emperador no cedió. Salim tuvo que esperar al 27 de octubre de 1605, el día en el que su padre, Jalal-ud-Din Muhammad Akbar, conocido como el Grande y tercer emperador mogol, murió.

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